lunes, 11 de junio de 2012

Michael Malloy un hombre duro de matar


Michael Malloy


Michael Malloy (1873 – February 22, 1933), alias "el resistente Mike" o "Iron Mike", fue un indigente de origen irlandés que vivió en Nueva York durante los años 1920 y 1930. Fue un bombero de profesión y se retiró a los 45 años de edad. Pero al paso de los años llegó la Gran Depresión y al no poder conseguir otro empleo, se dedicó al alcohol y la vida bohemia. Por esos tiempos era un cliente habitual de todos los bares de baja categoría del Bronx, hasta que se le negó más crédito y se le prohibió la entrada.

Muchas veces aparecía por los bares con hombres de negocios quienes le invitaban tragos debido a su encanto irlandés y porque era un buen contador de anécdotas.

Michael pasó a la historia por sobrevivir una serie de intentos de asesinato por parte de una banda que buscaba realizar un fraude de seguros de vida.

Los eventos que se dieron previa la muerte de Malloy empezaron en diciembre de 1932. El era un vagabundo alcohólico para aquel entonces. Cinco hombres conocidos de Malloy, llamados Tony Marino, Red Murphy, Francis Pasqua, Hershey Green, y Daniel Kriesberg conspiraron hasta lograr la muerte de Malloy.

Tony Marino regentaba los bares de la localidad, uno de los cuales era el lugar de preferencia de Malloy en el cual barría el piso a cambio de unos cuantos tragos. Por simple coincidencia, un agente de seguros pasó un día por el negocio cuando se encontraba Marino en una conversación junto con el dueño de la taberna.

Conversando acerca de los seguros de vida y las primas, El regente de la taberna Red Murphy se fijó en Malloy y pensó que sería una gran idea asegurar la vida de Malloy, cuya única meta en la vida era evitar el trabajo y estar borracho. ¿No sería afortunado para los beneficiarios de Malloy que éste tuviera un seguro de vida y que el hombre muriera prematuramente? Por supuesto, Malloy no sería un hombre muy afortunado si esto sucediera, pero no se puede hacer feliz a todo el mundo a la vez.

Un amigo llamado Francis Pascua que era sepulturero estuvo totalmente de acuerdo con el. Malloy no tenía parientes y nadie lo echaría de menos. A Marino no le resultó difícil asegurar la vida de Malloy por 1.200 dólares y ponerse él mismo como beneficiario. Por 100 dólares, Red aceptó darle al anciano anticongelante hasta que muera. Pasqua pagó la prima correspondiente al primer trimestre a cambio del inminente trabajo de sepulturero.

La Navidad se acercaba. Incluso los vagabundos que merodeaban por el bar de Marino invitaban a sus colegas desamparados a tomarse un trago de 15 centavos, de vez en cuando. Red fue sumamente generoso con Malloy. Le dio suficiente licor legítimo como para tumbar a un gorila antes de prepararle un trago con 90% de anticongelante. Seis copas de anticongelante después, Malloy se deslizó de su taburete hasta caer en el piso.

Cuando las primeras luces llegaran al bar de Marino, Malloy debía estar muerto. En lugar de ello, se despertó, sacudió su cabeza y procedió a barrer el lugar como siempre. Los aspirantes a asesinos se sintieron abatidos, aunque no desanimados. Toda esa semana, Red le dio suficiente anticongelante al viejo como para pulverizar a un buey. Cada mañana, Malloy se despertaba, silbaba alguna tonada y comenzaba a barrer.

A Red Murphy se le atribuyó una idea que, sin duda, terminaría con el tránsito de Malloy por este planeta. Red se aseguraría de que el viejo muriera por intoxicación. El barman abrió una lata de sardinas y dejó que pasaran varios días hasta que apestaban como el infierno. Marino le agregó un toque. Aderezó el pescado con limaduras de metal de un taller de herrería.

Red, quien normalmente se negaba a darle almuerzo gratis a Malloy, le ofreció al viejo un sándwich. Los ojos de Malloy se llenaron de gratitud mientras devoraba el obsequio. Para rematar, Red le sirvió un trago de anticongelante.

Los tres "caballeros" malhechores observaron horrorizados como ni el sándwich ni el anticongelante surtían efecto sobre Malloy. Era hora de una acción drástica. Los tres criminales reclutaron a un cuarto miembro. El taxista Hershey Green era capaz de vender a su madre si le pagaban el precio adecuado. Su principal logro en la vida era su habilidad para manejar.

La Navidad llegó y se fue. Ya era enero de 1933. Los chicos esperaron que llegara una gélida noche para realizar un nuevo intento. Se quedaron en el local hasta que Malloy se desmayó. Marino y Pasqua lo cargaron hasta el taxi de Green y se dirigieron a Claremont Park. A Malloy lo arrojaron en unos arbustos. Le quitaron el abrigo. Le abrieron la camisa. Para estar más seguros, Pasqua le vertió algunos litros de agua sobre la cabeza.

Al día siguiente, Pasqua tenía un terrible resfriado cuando fue al local de Marino para celebrar. Estaba revisando los periódicos junto con Red y Marino en busca de una noticia sobre algún cadáver hallado en el parque cuando Malloy entró al lugar de lo más fresco.

Quería contarles una extraña historia. Se había despertado en Claremont Park temblando terriblemente, aunque la falta de ropa no lo había afectado mucho. No tenía idea de cómo había llegado allí, pero, a menudo, se había despertado en lugares peores. Malloy les dijo que luego de tomarse un trago de aguardiente quedaría en perfectas condiciones.

Un cliente habitual del bar de Marino, un tal Anthony Bastone, se convirtió en el quinto miembro del inepto grupo de asesinos. El barman Red, en un momento de frustración, le había confiado a Bastone que a todos les estaba molestando el hecho de que no pudieran liquidar a Malloy. Bastone sugirió que simularan un atropellamiento en el que el conductor se da a la fuga. Cuando Marino y Pasqua se enteraron del plan, se preguntaron cómo no se les había ocurrido antes. Bastone quería 100 dólares por mantener a Malloy de pie mientras era atropellado por el taxi de Hershey Green.

Unos pocos días después, a las 3:00 a.m., Malloy fue conducido hasta una calle desierta. Bastone mostró un alto grado de habilidad al saltar para evitar que el taxi lo atropellara mientras éste embestía al anciano.

Los conspiradores escudriñaron los diarios, pero en esta oportunidad tampoco pudieron encontrar ninguna nota sobre un cadáver. En esta ocasión, la visita a los hospitales fue fructífera. McCarthy no estaba muerto, aunque no se esperaba que sobreviviera. Mientras la banda digería la noticia, entró caminando al local Michael Malloy. Le informó a sus estupefactos compañeros que había tenido un accidente, pero ya se sentía muy bien. Y llegaron peores noticias: el estado de McCarthy mejoraba.Al día siguiente, los conspiradores revisaron los periódicos. No había ninguna mención de un cadáver en la calle. Los muchachos verificaron en la morgue y los hospitales, pero no lograron dar con Malloy, ni vivo ni muerto.

Bastone planteó la idea de encontrar a un sustituto de Malloy. Esto no fue tarea fácil, pero finalmente encontraron un clon de Malloy en la persona de un hombre irlandés llamado McCarthy. A la banda no le fue difícil deshacerse de McCarthy. Bastone se encargó de la captura y Green del manejo. Para estar seguros, Hershey le pasó por encima al cuerpo de McCarthy mientras éste se encontraba tirado en la calle.
Los conspiradores tenían un dilema. ¿Deberían esperar meses hasta que McCarthy se recuperara y luego liquidarlo o deberían tratar, una vez más, de matar a Malloy? Se decidió que sólo bastaría con deshacerse de Malloy.

Contrataron a Daniel Kreisberg, un comerciante de frutas, para que emborrachara a Malloy en su propia habitación. Red Murphy debía dar el golpe de gracia. Llegó al lugar donde vivía Kreisberg con un pedazo de manguera de goma. Ató un extremo de la manguera a una salida de gas y sostuvo el otro extremo en la boca de Malloy. Finalmente, Michael Malloy estaba en verdad muerto. Un médico alcohólico atribuyó la causa de la muerte a una neumonía. La compañía de seguro pagó los 1.200 dólares. Los conspiradores discutieron entre sí por el reparto del dinero del seguro.

Por suerte, y gracias a una particular justicia poética, el matar a Malloy fue tan difícil que los criminales no dejaron de hablar y comentar de sus peripecias para liquidarlo, haciendo que la noticia llegue a oídos de la policía y fueran así apresados. El cuerpo de Malloy fue exhumado. 

¡Sorpresa! La autopsia demostró que había sido envenenado. A Green le dieron una sentencia de prisión, pero los demás no fueron afortunados. Kreisberg, Murphy, Pasqua y Marino fueron ejecutados en la silla eléctrica de Sing Sing.

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